A menudo tenemos la tentación de traducir a nuestros hijos/alumnos a su lengua
materna, ya sea por cuestiones de falta de tiempo, impaciencia o creencias
erróneas.

Efectivamente, se trata de un tema peliagudo en el que no todos se ponen de
acuerdo. Pero yo ya he llegado a una conclusión basada en estudios en pedagogía
y lingüística, sí, pero sobre todo en la experiencia.

Cuando un alumno entra en el aula por primera vez, no domina ninguna de las
estructuras que se van a trabajar a partir de ese momento. El pensamiento que
inmediatamente nos viene a la mente es: ¿cómo va a entenderme?

Sabemos que el cerebro humano solo asimila nueva información cuando puede
relacionarla con un conocimiento previo. Es decir, necesitamos un referente al
que “conectar” esa nueva información. Pongamos un ejemplo. Si la
maestra de vuestros hijos les explica en el cole que la miel proviene del polen
que las abejas recolectan de las flores, vuestros hijos solo comprenderán y
asimilarán el mensaje si saben lo que es una flor y saben lo que es una abeja.
El proceso de la elaboración de la miel se unirá a los conceptos de
“flor” y “abeja” de forma natural.

Pues bien, es fácil que, a partir de este hecho, pensemos que nuestros alumnos
necesitan relacionar cualquier palabra nueva en inglés con su correspondiente
en la lengua materna. Pero nos olvidamos de algo: el concepto no es solo una
palabra, una serie de fonemas combinados de una determinada manera. Un concepto
cuenta también con una imagen mental. Os sorprendería saber todo lo que se
puede comunicar con el lenguaje corporal, la mímica, el tono de voz o las
referencias a objetos o imágenes.

Aunque no hay que ser intransigente con el uso/no uso de la lengua materna en
la enseñanza del inglés, os dejo unas ideas por las que muchos educadores y
pedagogos opinan que es mejor limitarla al máximo posible:

– Los aprendizajes se asimilan mejor cuando se acompañan de un sentimiento
motivador, relajante o estimulante, pero siempre agradable. Si estamos jugando
a algo divertido con nuestros alumnos o les estamos contando un cuento a
nuestros hijos en inglés, ¿no creéis que relacionarán el idioma con los
momentos placenteros?

– Nuestros alumnos/hijos aprenden rápido. No importa si la primera vez no
entienden que queremos que abran una caja, o si no comprenden el cuento que les
contamos. La segunda vez recordarán que esa expresión que les decimos
(“open, open, open”) está relacionada con el hecho de abrir una caja,
y para cuando lleven unos meses extrapolarán dicha palabra a nuevas
situaciones. Solo hace falta paciencia y tesón, así que ¡no desesperéis, los
resultados siempre merecen la pena!

– Si comenzamos a traducir términos a la lengua materna durante una sesión de
enseñanza de inglés (ya sea en el aula o contando un cuento en casa antes de ir
a dormir), lo más probable es que se abra una puerta que difícilmente podrá
volver a cerrarse. Un día usaremos una palabra en español para que nuestro
alumno entienda un término nuevo, pero al siguiente también lo usaremos cuando
no entienda nuestras instrucciones, y así sucesivamente. Aún peor, les
mandaremos el mensaje de él/ella también puede usar su lengua materna cuando le
plazca. Es más recomendable que el niño o la niña identifique ese rato con el uso
exclusivo del inglés.

Las conclusiones a las que la mayoría de los lingüistas han llegado en los
últimos años es siempre la más razonable: la moderación. Nunca es conveniente
usarla como elemento de transmisión rutinario, pero puede usarse cuando es estrictamente
necesario (para regañar, advertir de un peligro, consolar). Pero también puedo
aseguraros algo: mis Lindas saben muy bien cuando les regaño, cuando les
consuelo o cuando les felicito por un buen comportamiento. Solo hace falta ser
expresiva y constante; ¡os animo a que lo intentéis!

Mines Rivero, teacher at Kids&Us Universidad