¿Será la edad apropiada para comenzar con el inglés?, ¿Estará preparado?, ¿Le supondrá un problema a la hora de desarrollar su lengua materna?, ¿Entenderá lo que dice el profesor?

Estas son algunas de las preguntas que muchos padres y madres se cuestionan a la hora de ofrecer a sus hijos la posibilidad de empezar con el aprendizaje de una segunda lengua en edades tempranas. Para comenzar, debemos tener claro que los niños hasta los tres o cuatro años tienen la capacidad de crecer en varios idiomas sin ninguna dificultad, ya que desde el mismo momento que nacen, están genéticamente preparados siendo su cerebro muy moldeable y estando dispuesto a todo. A partir de los cuatro años, la tarea de conjugar verbos en un idioma nuevo de manera rápida y espontánea ya no les será tan fácil. Es entre los ocho y los diez años cuando se cierra una de las principales etapas del desarrollo humano. A esta edad ya no aprenden de forma intuitiva, sino de manera más parecida a la que lo hacen los adultos, como puede ser una metodología traditional de repetición y traducción a nuestro idioma.

“Children start slower but they get further (Los niños empiezan más lento pero llegan más lejos). Con esta frase podríamos aludir al conocido cuento de “La tortuga y la liebre” en el que los más peques ocuparían el lugar de la tortuga siendo su desarrollo lento pero llegando muy lejos; y los adultos representarían a la liebre, evolucionando muy rápidamente pero teniendo el riesgo de estancarse con relativa facilidad. Otra razón de peso por la que iniciar el aprendizaje de un idioma en edades tempranas, es que hay mucha menos información compleja que digerir, es decir, cuando se aprende una lengua en los primeros años de vida, simplemente se relacionan palabras con su significado (mostrando el objeto o una imagen, a través de gestos, etc.) En cambio cuando se es adulto, además de lo nombrado anteriormente, se deben aprender las reglas gramaticales, lo que provoca que la segunda lengua sea más difícil de memorizar.

El siguiente aspecto sería que los niños no tienen sentido del ridículo, por lo que no tienen ningún tipo de miedo a la hora de pronunciar incorrectamente o de cometer errores. De hecho, los errores forman parte del proceso y les harán beneficiarse absorbiendo mayor cantidad de información. Dicho esto, no hay que tener miedos acerca de iniciar un nuevo idioma en el primer año de vida, seguro que al principio mezclarán lenguas e incluso inventarán su propias palabras fruto de ambos idiomas, pero no hay que alarmarse. El cerebro tiene los mecanismos necesarios para ordenarlo todo, y lo más importante: No olvidemos que son muchos los estudios que respaldan que hablar más de un idioma hace trabajar partes del cerebro que no se consigue de ninguna otra manera. Los idiomas nos hacen abrir la mente y abrirla a más conocimientos.

Así que mamás y papás, vuestros hijos están totalmente preparados y dispuestos a comenzar la aventura de adentrarse en un nuevo mundo en el que las nuevas palabras y estructuras en seguida tomarán sentido y les harán volar a nuevos territorios y explorar rincones maravillosos.  

Laura Catalán Ortega