El aprendizaje
de mínimo un segundo idioma hoy en día es indispensable para cualquier persona
que viva en cualquier parte del mundo. El sistema actual globalizado hace que
sea determinante para desarrollar cualquier tipo de trabajo. Ya no es una
cuestión meramente cultural es una primera necesidad.

¿Qué edad es la
ideal para empezar a aprender una segunda lengua? Muchos estudios nos
recomiendan que cuanto antes mejor y nuestra propia experiencia también.
Según Noam
Chomsky,  en su teoría de la “Gramática
Universal”, los niños nacen con un sistema gramatical innato lo que les permite
aprender una segunda  lengua o incluso
una tercera. El proceso de aprendizaje tiene lugar cuando el niño toma contacto
con un ambiente en el que se habla esa determinada lengua, y gracias a la
interacción social  y a la motivación esa
lengua se desarrolla. Por lo tanto, el proceso de aprendizaje es un proceso
inconsciente donde los niños aprenden a hablar de forma natural.

El aprendizaje
de una segunda lengua desde edades tempranas, es bueno para su desarrollo
intelectual, es una estimulación, es una motivación y es un momento sin lugar a
dudas único para compartir con los hijos. Para ayudarlos a desarrollar su
inteligencia y su desarrollo cognitivo. Los niños desde muy pequeños tienen una
gran capacidad de absorción del lenguaje y de imitación de sonidos.  Además de que a estas edades los niños no
sienten la presión de la vergüenza o el miedo a poder hacer el ridículo, hasta
los 8 años aprenden de una forma intuitiva y como ya hemos dicho natural. Desde
que nacemos nuestro cerebro esta preparado para absorber todo lo que nos rodea
y eso incluye también la adquisición de una segunda lengua.
En 1997, el
equipo de neurólogos del hospital Memorial Sloan Kettering, de Nueva York,
comprobó que el cerebro de un niño es capaz de memorizar dos lenguajes de forma
simultánea en una misma región de la corteza cerebral, utilizando un único
grupo de neuronas, a diferencia de los adultos, quienes al adquirir un segundo
idioma lo almacenan en un área distinta. En términos prácticos, esto significa
que cuanto más pequeños sean los niños, el aprendizaje de idiomas es más natural
y simple, ya que no hacen el proceso de traducir  de un idioma a
otro, como los adultos.

Para que el
aprendizaje sea efectivo y el niño aprenda a expresarse necesita encontrarse en
situaciones en las que se vea obligado a utilizar el inglés para comunicarse.
Es por esto que es importantísimo que la exposición a la que está sometido el
niño sea una inmersión lingüística absoluta, donde no se hable otra lengua que
la que queremos trabajar y se motive al niño para que haga lo mismo, además es
importante que el niño pueda visualizar y experimentar lo que está aprendiendo.
Es conveniente que la persona que habla inglés al niño no le hable nunca en
español, pues los niños, si ven que puedes entenderles no harán el esfuerzo de
expresarse en inglés porque no sentirán la necesidad.  
Hoy en día
existen muchísimos recursos para que los niños pueden estar expuestos a la
segunda lengua. Internet, juegos de consolas, la TDT que nos permite cambiar el
idioma en el que queremos ver la programación…
Incluso a los
juegos de mesa o los de toda la vida se puede cambiar la forma o el idioma de
jugarlos.
La exposición
es importante, cuanta mayor exposición mejor para el niño, pero también es
importante la visualización y que el niño pueda identificar lo que escucha.
Para aprender a hablar primero hay que entender, para entender hay que escuchar
y conseguir identificar o visualizar lo que estamos escuchando, si cualquiera
de nosotros nos ponemos una grabación en chino, o en cualquier otro idioma que sea totalmente nuevo para nosotros y no identificamos lo que se nos dice no va a servir para nada,  así no aprenderemos ninguna
otra segunda lengua.

Sin duda a los
niños les encanta que se les preste atención, sobre todo captar esta atención
por parte de sus padres, la hora del cuento es un momento perfecto para que los
niños estén expuestos a un segundo idioma a la vez que viendo las ilustraciones
pueden ir visualizando y asimilando los sonidos que escuchan, y si esta
historia se repite frecuentemente acabaran aprendiéndosela de memoria.
El aprender
jugando es la mejor manera de exponer a los más pequeños al mundo. Estimulándolos,
motivándolos y consiguiendo que se entretengan y disfruten. Los niños se
sentirán bien estarán felices y el aprendizaje no supondrá para ellos más que
otro juego.
Bibliografía: