Bubbles!

Solo quedan un par de minutos para terminar. Suena “C’mon, C’mon put on your jackets” y ellos se van preparando mientras cantamos. Repartimos los stickers, nos ponemos en fila y… ¡saco el pompero y empiezo a hacer pompas!. Los peques se paran en seco. Algunos se quedan observando con enorme curiosidad, otros se ponen a dar saltos y gritos de alegría mientras persiguen las burbujas e intentan explotarlas. Todos sonreímos.

No estoy describiendo una situación excepcional, sino una sencilla estrategia que utilizo a menudo en mis clases para conectar con mis alumnos. ¿Hemos tenido una sesión estupenda? Bubbles! ¿La clase de hoy no ha ido tan bien como era de esperar? ¡Más bubbles!

No es un premio, ni un castigo. El momento pompas va a llegar independientemente de cómo se hayan portado ese día o de su rendimiento durante las actividades, siempre que vea que a ellos les resulta agradable y motivante.

Para mí es un gesto sencillo y bonito que me permite transmitirles todo mi cariño, la idea de cuánto los valoro y que aprecio el tiempo que pasamos juntos. Para ellos es una manera de cambiar el chip, de darle un pequeño espacio al cerebro para que “respire”; se nutra de otros estímulos y pueda asimilar mejor lo aprendido.

Y vosotros, ¿qué trucos tenéis para conectar con vuestros peques?