¡Hola a todos!

                  Esperamos que todos vuestros peques hayan comenzado el curso con energía y vitalidad, y hayan salido con una amplia sonrisa de su primer día en las aulas. La vuelta a las clases es una situación novedosa y en cierto modo estresante para todos (no olvidemos que acabamos de dejar el verano atrás y que nuestra rutina acaba de rehacerse de repente), y es muy habitual que nos encontremos con peques muy entusiastas y muy enérgicos, otros mástímidos y aún en proceso de aclimatación y, por qué no, peques a los que les cuesta separarse de papá y mamá los primeros días.

                  Aunque en su mayoría los niños y niñas tienden a aceptar de manera rápida que es una separación temporal necesaria y disfrutan enteramente de la clase a los pocos minutos sin esta interferencia, algunos de ellos se resistirán un poco a entrar a las aulas inicialmente con llantos e incluso pataletas. Dado que el llanto es una expresión emocional muy intensa, es muy razonable que los padres os preocupéis al encontrar a vuestro peque con una actitud tan alarmista y temáis que su resistencia se deba a otros motivos. Sin embargo, no hay en absoluto de qué preocuparse. Los niños, especialmente hasta los 6-7 años, dependen enteramente de sus familiares y los toman como figura de referencia afectiva e instrumental. Esto quiere decir que los familiares sois aquellas figuras a quienes confían su cuidado y su bienestar, y los peques están acostumbrados a que estas figuras estéis presentes en todo momento. Al marcharos momentáneamente, sienten amenazada esta atención y pueden sentirse repentinamente solos ante una circunstancia desconocida. Sin embargo, desde el primer contacto con su profe, quién les recibe con actitud cordial, sonriente y amparadora, los peques desarrollan un vínculo con una nueva figura que también se convertirá en su referencia adulta en el contexto de las clases y, en cuanto comprueben que éste o ésta se hace cargo de sus necesidades, comprenderán que están en un entorno seguro, cesando o reduciendo la frecuencia e intensidad de su resistencia. La presencia de otros compañeros y el hecho de que acudan a clase una vez por semana (en el caso de Kids&Us) facilitará también este proceso, pues acabarán integrando que se trata de una situación normalizada que tiene unos elementos estables (un guión en las clases, un mismo profe y compañeros, un mismo espacio…etc).

                  En los casos de niños/as de infantil (hasta 5 años), este apego a vosotros es todavía más agudo y aunque es signo de una adecuada vinculación paternofilial, es también responsable de mayores pataletas y llantos ante la separación – al fin y al cabo, es la forma más efectiva que han aprendido de conseguir atención y cuidado, por lo que podemos esperar una resistencia más intensa. De nuevo, es sólo una cuestión de tiempo que integren las clases sin padres como parte de una rutina que tiene una duración determinada, aprendiendo que a la salida, van a reencontrarse con vosotros/as. De hecho, a los dos años, ya son capaces de entender que esa separación es transitoria.

                  El consejo para vosotros, padres y madres, a la hora de dejar a los peques en el centro es que tratéis de mantener la calma incluso cuando las “rabietas” ya han comenzado y que, de manera calmada y repetida, dejéis claro que vais a volver cuando finalice la clase. Los peques a estas edades todavía no manejan el concepto del tiempo, por lo que hablarles en términos de una hora (en el caso de nuestras clases en Kids&Us) no ayudará más que decirles que os ausentaréis solamente un ratito. También, mostrar entusiasmo e ilusión por las clases para que ellos las perciban como un lugar donde quieren estar. Es asimismo muy recomendable que intentemos que los niños desarrollen relación con sus compañeros en los tiempos previos y posteriores a la entrada y salida del aula, de modo que puedan observar cómo sus amiguitos entran al aula con una actitud más relajada y dispuesta. Si la rabieta y el llanto no cesaran, se recomienda mantener la posición y no ofrecerles la atención que están solicitando o acompañarles de manera continuada al aula. De otro modo, la separación se dilataría innecesariamente y se haría aún más difícil que el peque deseara quedarse teniendo a su figura de referencia frente a él todavía. Cabe recordar que prácticamente de manera inmediata a comenzar las clases y cerrar las puertas de las aulas, los niños ponen en práctica su potencial para adaptarse a las situaciones novedosas y comienzan a disfrutar de las canciones, cuentos y juegos que tanto les gustan.

                  En resumen, las pataletas y los llantos son un comportamiento muy habitual en elniño y en una situación de separación de sus padres es perfectamente normal que se muestren ansiosos, pero es un estado temporal que además, van aprendiendo a manejar y a asimilar diariamente en diversos contextos (el colegio, las extraescolares, los deportes, etc). Antes de los cinco años, sólo deberemos preocuparnos ante estas explosiones si se mantienen igual de intensas -o más- en el tiempo, debiendo plantearnos entonces si existen razones distintas por las que nuestro hijo o hija muestre disgusto. Asimismo, cabe mencionar que un niño/a que supere los 7 años, aunque siga apegado a sus padres y pueda temer en cierto modo la separación y mostrarse nervioso o entristecido, ha comenzado a buscar mayor independencia y a desarrollar una mayor autonomía. Por tanto, será muy poco probable que muestre ansiedad y comportamientos disruptivos. Si esto se produjese, sería necesario analizar la situación conjuntamente con el o la profe para identificar el detonante de su reacción y consensuar medidas a llevar a cabo para facilitar su asimilación. De todos modos, cada niño y niña llevan un ritmo de aprendizaje y maduración diferente y no debemos angustiarnos porque no respondan siempre como los compañeros de su edad, sino darles el tiempo que cada uno de ellos necesite para adaptarse.

Bárbara Giménez