Merry Christmas to everyone!

En esta ocasión, dada la particularidad de las festividades navideñas, queremos aprovechar para hablar de un tema infantil que puede resultar confuso o hacer sudar un poquito a mamá y papá: cómo decirle a nuestros peques la verdad sobre Santa Claus y los Reyes Magos cuando llegue el momento.

Aunque existe mucha información al respecto en las redes, el artículo que os adjunto proporciona a mi parecer una visión muy completa de este tema y ofrece unas pautas de actuación sensibles:

https://educacion.uncomo.com/articulo/como-decirle-a-mi-hijo-que-santa-claus-no-existe-43070.html

El artículo presenta ese inevitable momento como una situación normal: los padres y madres tienen que dar a menudo noticias que no gustan a sus hijos. Sin duda, esta no es una ocasión diferente, si bien cuenta con la ventaja de que llega en un punto esperable en el tiempo y que le ocurre a todos los niños por igual, casi simultáneamente. Esto, aunque como advierte la autora puede conllevar un desvelamiento precoz por parte de niños más mayores a otros que aún fantasean sin escepticismos, les ayuda a los pequeños a evitar sentirse agraviados personalmente. En su visión, una pequeña parte de su mundo ha cambiado, pero además de ser algo generalizado entre sus iguales y por ende más fácil de asimilar, el cambio no es necesariamente negativo. Al fin y al cabo, ¿no es más reconfortante que sean papá y mamá los que con cariño te hacen regalos fantásticos que un desconocido que premia y castiga a todos por igual?

Un punto que me resulta muy necesario resaltar en el artículo es la recomendación que se hace de que el niño o la niña lo descubra por sí mismo/a. De nuevo, si no se producen interferencias, los padres y madres estamos allí preferiblemente para acompañarlos en el proceso, no para desvelárselo. Esta recomendación se basa en los supuestos de psicólogos evolutivos como Piaget, quien ya hablaba de la transición paulatina entre la ingenuidad del niño y el desarrollo de su razonamiento lógico. Conforme se enfrentan a conceptos abstractos, los niños van construyendo su imagen del mundo e incorporando nuevos elementos más abstractos y más difíciles de comprender cuando son más pequeños de los 7 u 8 años. Es por eso que las sospechas comienzan pasada esta etapa, cuando ya están preparados para afrontarla y comprenderla.

Algo que no se menciona en el artículo ampliamente es qué ocurre en el momento en que ya son conscientes. Muchos de los peques, sienten que han crecido lo suficiente para que se les confíe una verdad que consideran tan secreta, y eso les reporta mucha satisfacción –pasado el momento del desengaño-. De hecho, serán cómplices de mamá y papá de cara a hermanos más jóvenes, fortaleciendo su seguridad y el vínculo. Es esperable no obstante que de primeras se produzca una cierta confusión en el peque, e incluso una ligera pérdida de confianza en sus padres, pero no es nada que vaya a sentar un precedente (¡conocer la verdad no es en absoluto traumático!), ni algo que no vaya a cicatrizar por sí solo: pasados unos meses, se sentirán orgullosos de ser portadores de la verdad ¡y verán las claras ventajas de tener un Santa Claus particular!

En definitiva, no hay nada de qué preocuparse: independientemente de saber la verdad, los niños siguen disfrutando con las historias fantásticas, lo imaginario y la magia de las fábulas – aun cuando saben que no son reales – y, por otro lado, el aprendizaje del mundo tal y como es, es un proceso educativo igualmente bonito que realizarán, como ocurre en sus fiestas favoritas, con las personas que más quieren, año tras año. Después de todo, lo que importa es que seguirán manteniendo la ilusión por las pequeñas cosas todo lo que les enseñemos a hacerlo, y que una de sus partes predilectas en Navidad es tener a alguien con quien estrenar juntos sus ansiados regalos.

-Bárbara Giménez-