Actualmente, muchos centros educativos optan por incluir en sus plantillas profesores nativos que se encarguen de la enseñanza de la segunda lengua. Este hecho atrae a un número considerable de familias que, tratando de buscar el mejor aprendizaje para sus peques, confían en el prestigio que en ocasiones se atribuye a estos centros por contar con personas extranjeras. Sin embargo, este prestigio se basa en una idea que puede suponer a veces un prejuicio hacia los profesores no nativos: “un profe nativo siempre va a enseñar mejor que un profe que no lo es”. Pero, ¿ser mejor hablante de inglés es sinónimo de ser mejor profe de inglés?

Los profesores nativos tienen una indudable ventaja con respecto a los profesores no nativos, y es que su conocimiento del idioma es mayor (salvo que hablemos de profes enteramente bilingües). Un profe nativo conoce los matices de su lengua, tiene un lenguaje más actualizado y una pronunciación genuina y es capaz de expresarse con naturalidad incluso en una jerga coloquial. En otras palabras, conoce su idioma tanto como nosotros podemos conocer la nuestra. Eso es muy positivo a la hora de enseñar un idioma a los peques, dado que les provee con un contexto lingüístico auténtico. Pero, ¿podríamos decir que todos nosotros – o alguno – dominamos el idioma al completo? Un dominio excelente de la lengua no significa que sus hablantes estemos exentos de cometer errores en nuestro discurso oral o escrito. Entonces, aunque evidentemente los profes nativos tengan una competencia lingüística superior, esta ventaja no supone obligatoriamente una garantía de que los peques vayan a aprender mucho más pulidamente la lengua extranjera.

Asimismo, es cierto que, dado que el lenguaje está muy ligado a la cultura, un profe que ha nacido dentro de esa misma cultura conoce al detalle el uso que se hace de las palabras en la misma. No obstante, no está claro que esto sea una ventaja: cada cultura tiene unas particularidades en cuanto a su entorno, sus costumbres, sus horarios, etc, que sin duda enriquecen, pero también podrían interferir en la “traducción” que hacen los peques a su contexto cotidiano. Algunas palabras en español describen realidades específicas de nuestra cultura que para los extranjeros tienen otro significado o ni siquiera existen, y viceversa, de modo que cuando, por ejemplo, un británico se refiere a “dinner” (cena) a lo que toma a las 6 de la tarde, ¡un niño español podría entender que “dinner” se refiere a la merienda!

Por otro lado, para ser capaz de enseñar un idioma no basta con saber utilizarlo. Es necesario estar cualificado. Muchos nativos llegan a ser profesores en España a raíz de su competencia lingüística, pero no todos se han formado en estrategias pedagógicas o tiene cualificación y experiencia para impartir clase. Imaginémonos a nosotros mismos dando una clase de español a niños y niñas ingleses: ¿saber español nos capacita para enseñarlo? ¿Lo haríamos mejor que un inglés que ha estudiado algo relacionado con la educación de una lengua extranjera y tiene experiencia docente? Además, aquí entra otro concepto crucial en la enseñanza: la vocación. Aunque un profe nativo puede sentir una gran vocación por la enseñanza, lo que está claro es que un español que ha invertido tanto tiempo y esfuerzo en formarse como docente y está disfrutando de la experiencia, tiene una vocación grandísima que sabrá trasmitir a sus alumnos motivándolos mucho y “dándolo todo” en cada clase.

Sin embargo, la gran ventaja del profesor no nativo es que antes de ser profesor, ha sido alumno de esa lengua. Los profes no nativos hemos pasado por lo mismo que los peques que ahora son nuestros alumnos y conocemos el proceso de aprendizaje desde nuestro idioma común. Esto nos permite basarnos en nuestra propia experiencia educativa para ser capaces de prever más acertadamente los errores que los peques podrían cometer y dar con las mejores estrategias didácticas. Un ejemplo claro en inglés lo vemos con los famosos “false friends” (palabras inglesas que se parecen mucho a palabras españolas pero que significan algo totalmente distinto) o con los singulares y plurales. El profesor nativo podría pasar por alto una dificultad muy común en los españoles porque para él sería muy obvia cuál es la forma correcta, mientras que un profe español empatizaría más fácilmente: conocer a la perfección la lengua materna del alumno ayuda mucho a entender su proceso de aprendizaje.
Por último, también hay que tener en cuenta que no hay por qué aspirar a hablar como un nativo, pero sí a hablar como una persona de nuestra nacionalidad que habla y entiende a la perfección la lengua meta. En ese sentido, el profe no nativo funciona como un “modelo” para el niño en el que fijarse, dado que posee una competencia lingüística muy alta sin ser extranjero y el peque puede aspirar a ser como él/ella.

Lo que está claro es que el idioma que hablemos habitualmente no determina si somos buenos profes o no. Por eso, a la hora de elegir un centro o un profe para nuestro peque, lo recomendable es averiguar si el profe, sea nativo o no, habla excelentemente el inglés, tiene formación pedagógica y conoce la cultura y el habla de sus alumnos para ayudarlos a entender mejor la lengua extranjera. El profe o la profe “ideal” es el que reúne todos estos requisitos y, además, otro esencial que ya hemos mencionado: le encanta enseñar inglés.

Bárbara Giménez